Enojo No Expresado; Autoagresión y Autocastigo

Frustración - Mujer - Enojo No Expresado

Todos sabemos lo que es el enojo y lo hemos sentido, sin embargo, no todos sabemos gestionarlo. No tener un buen manejo de esta emoción/sentimiento acarrea múltiples consecuencias, no sólo socialmente, sino para con uno mismo.

Con frecuencia “creemos” estar canalizando nuestro enojo con la finalidad de no generar a nuestro alrededor más problemas, lo que hacemos entonces es, tragárnoslo, asumir una postura de sumisión, debilidad o huida. Es decir, ante ciertas acciones o actitudes ajenas de poder o agresión, no defendemos nuestro lugar ni asumimos el desafío de estar en desacuerdo, enfadarnos entonces es inevitable, sin embargo, no externamos ni conducimos ese sentimiento de la manera más adecuada, volviéndolo contra nosotros como si fuera un veneno que nos suministramos a nosotros mismos.

En estos casos el enojo se acumula en nuestro interior convirtiéndose en un auto castigo, en una auto agresión. El enfado no expresado se acumula en nuestro interior ocasionando síntomas físicos y emocionales.

A veces es tanta la cantidad de energía que se reprime que ésta, acaba canalizándose y depositándose en determinadas zonas de nuestro cuerpo, ocasionando una serie de síntomas como contracturas, dolores de cabeza, problemas estomacales, articulares, sentimientos de gran pesar, desaliento y tristeza. Y todo ello no es más que el resultado de tener una gran suma de enojo no gestionado ni expresado.

Quienes actúan de esta manera, generalmente son personas que practican este patrón de conducta desde la infancia. Ya ni siquiera se es consciente de esto, activándose como un mecanismo automatizado.

Es entonces cuando el enojo acumulado y no manifestado encamina a otras emociones que, por lo general, tampoco son correctamente administradas. Estamos hablando del MIEDO.

¿Miedo a qué? Ya sea a que los agresores o las agresiones externas se vuelvan aún más peligrosos(as), o a que este enojo propio, contenido, se desborde y estalle la rabia que no se ha sabido encauzar. Se siente un gran miedo de exteriorizar el enojo, ya que nunca han sabido cómo hacerlo, miedo a la acción por sí misma y miedo a las consecuencias por supuesto. Y esto, es totalmente comprensible.

No se trata de no tener miedo a mostrar nuestro enfado, sino de mostrarlo a pesar de. Pero no es sólo la valentía a la hora de mostrar nuestros enfados, sino que se requieren también otras habilidades.

Lo más importante es recuadrar la experiencia vivida y utilizar el enojo como una oportunidad de acercamiento con el otro, no como solemos hacerlo, ver el enojo como separación o incluso ruptura. La perspectiva de que uno se sentiría agradecido con quien se enoja por expresarnos claramente el motivo de su enojo, nos da pie a optar por expresar nuestro enojo como opción de ser claros y honestos con quienes nos enojamos.

También es importante al momento de expresar nuestro enojo, responsabilizarnos por dicho sentimiento, ya que, aunque el otro haya tenido cierto comportamiento o actitud, el enojo es nuestro. Si acusamos a la otra persona de haberlo causado, la estamos responsabilizando y dejándonos de responsabilizar por ello. Se trata de expresar con honestidad nuestro sentir, en lugar de proyectarlo en el otro, es decir, es diferente si expresamos: “Me siento muy molesto cada vez que me levantas la voz”, a “Me haces enojar cada vez que me levantas la voz”.

Al expresar nuestro enojo, es benéfico incluso, expresar la necesidad que tenemos: “Me siento muy molesto cuando me levantas la voz. Prefiero que hablemos cuando te encuentres más calmado”. Así expresamos nuestra incomodidad y nuestra demanda.

De igual manera, si lo que expresamos provoca mayor enojo en el otro, es necesario tomar en cuenta que ese enojo es suyo y esa persona es responsable de éste. Lo que podemos hacer es preguntar cómo se siente, qué es lo que le molesta y qué es lo que necesita. Se trata entonces, de escuchar con tranquilidad y no enganchándose con el sentimiento que no nos corresponde.

Expresar al otro claramente cómo nos sentimos y cómo queremos ser tratados es la mejor manera de gestionar el enfado.

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