Conviértete en lo que Eres

 

Ser uno mismo o ser auténtico

 

 

A menudo escuchamos y usamos expresiones como: «Ser uno mismo»o «Ser auténtico», pero… ¿En realidad tenemos una personalidad auténtica, coherente y natural?

 

 

 

 

¿Quién soy yo? Es una pregunta que con frecuencia nos hacemos, o deberíamos hacernos.

 

 

 

En la actualidad tenemos mayor posibilidad de elegir o moldear nuestra personalidad, asunto que en otras épocas no era así y estábamos condicionados a identificarnos con estructuras ya definidas por herencia familiar, religiosas o sociales. Hoy podemos elegir o rechazar las creencias que nos limitan, progresar en un medio social y profesional distinto al de nuestros padres o generaciones anteriores.

¿Será que esta libertad nos abre un amplio campo de oportunidades que nos generan inestabilidad al elegir y definir quiénes somos?

 

 

Primero, el cuestionar ¿Qué hay en mí de verdad mío?,  ¿Qué valores me son realmente propios?, ¿Cuáles me acercan o me alejan del centro de mi ser?, ¿Soy la suma de creencias propias o de creencias ajenas que nunca me he  cuestionado? 

 

 

Una elección consciente es el principio fundamental para forjar una personalidad auténtica.

 

Los valores que mantenemos o desechamos, las elecciones que hacemos son piezas que nos conforman y afirman nuestra singularidad.

Atreverse a ser uno mismo, inicia con elegir lo que pensamos que es bueno para nosotros y  lo que nos aleja de nuestra integridad.

Los términos «bueno» o «malo» usándolos como generalidad, no funcionan en la búsqueda del verdadero «yo».  Se trata de ir más hacia lo particular.

Bienestar o malestar son los dos principales indicadores de la relación que tenemos con nuestro «yo», desde ahí podemos iniciar este planteamiento. Esta relación intima con uno mismo está ligada también con la relación que tenemos con los demás. Tanto un yo raquítico , entregado al exterior, como un yo inflado, lleno de sí mismo, son fuente de relaciones dependientes o fallidas, mientras que una relación sana y consciente con uno mismo es la mejor garantía de vínculos más confortables y auténticos. 

Cuanto más conocimiento y afirmación del yo auténtico, menos se vuelca sobre los demás. sobre todo, menos volcamos el peso de nuestras dudas y nuestras frustraciones.

 

Ser uno mismo es todo un desafío: cultivar la propia singularidad sin caer en el egocentrismo. 

 

 

 

Existe un camino entre el culto al ego y el abandono de uno mismo, el equilibrio. Andar este camino es una de las condiciones para no ser simplemente espectadores de nuestra propia existencia o una copia de muchos más.

 

 

 

 

Aún teniendo en la actualidad la libertad de elegir -quien soy- y actuar en congruencia con ello, la realidad es que vivimos en una sociedad en la cual cada vez nos parecemos más unos a otros, uniformizados como clones por la cultura global, nos cuesta reivindicarnos en nuestra singularidad y pareciera que vamos con la corriente con el objetivo de no sentirnos «diferentes», «raros», o «extraños» y entonces actuamos de la misma forma, ondeando una bandera de «ser auténticos».

Es necesario entonces, no sólo cuestionar nuestras ideas y aspiraciones, sino llevarlas a la práctica y mantenerlas hasta que nuestro propio cuestionamiento y elección consciente indique un cambio que queremos nuevamente, y por supuesto, practicar.

Identificar y llevar adelante los proyectos que nos ilusionan, y defenderlos es parte de ese «Ser auténtico».

 

 

También es necesario afrontar la realidad y nuestros límites, ya que corremos el riesgo de que en la invasión de lo virtual, no tengamos ni el tiempo ni la atención suficiente para digerir la ficción, de reflexionar sobre el sentido de las cosas y nos perdamos en un «todo es posible», irreal, parte del ensueño que lo virtual aporta a nuestra vida.

Esta confrontación con la realidad puede verse como causa de sufrimiento o bien, como un filtro para alcanzar nuestra autenticidad. Cada quien elige cómo lo ve y cómo lo vive.

 

 

 

Con frecuencia acabamos conformándonos con lo que somos, aunque eso no sea realmente mi yo auténtico y por lo tanto nos conformamos con lo que hacemos y con lo que tenemos, consecuencia del ser, con tal de no complicarnos a vida.

 

Renunciamos a parte de nuestros deseos más íntimos. Por miedo, inseguridad o comodidad, preferimos hipotecar parte de nuestra personalidad en vez de ser nosotros mismos.

 

 

 

 

Poseemos un inmenso potencial personal y cada uno debemos hacerlo fructificar. 

 

 

 

 

 

Kenny Pineda.

 

Dabalash Oficial.

 

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