Carisma – El Poder de la Gente Atrayente (Parte 1)

 

 

Seguro que al escuchar o leer la palabra “Carismática”, recuerdas a al menos una persona cuyo magnetismo es impresionante. Y muy probablemente esa persona no sea físicamente la más guapa o la persona más inteligente, pero hay algo que la hace envolvente. ¿Cuál es su secreto?

La palabra “Carisma”significa -Tocado por Dios- y es “la fascinación o encanto que algunas personas ejercen sobre los demás”.

Las personas que han desarrollado esta cualidad, resulta atractiva, sabe generar buenos sentimientos y despierta en los demás el deseo de seguirle y de ponerse en sus manos. Sabe tratar a las personas, persuadirles, transmite convicción y fe. Son personas muy astutas; absorben la información que le transmite el entorno porque posee grandes dotes de observación.

Las personas carismáticas se fijan metas y tratan de conseguirlas, es decir, son perseverantes y suelen encontrar apoyo. 

 

 

 

 

Quien posee esta cualidad es una persona dominante, no en el sentido de autoritarismo, sino del propio dominio; su seguridad, sus miedos, sus emociones. Hace de sus defectos una fuente de virtudes y busca superarse a sí mismo. Ha trabajado en el dominio del miedo al rechazo y a la soledad, así mismo aprende a mostrar a los otros su mejor cara deslumbrando con seguridad y confianza, por tanto, sabe lo que quiere, lo persigue y lo transmite.

 

 

 

Una persona carismática real, difícilmente se engancha con relaciones que no le convienen. Contrariamente a quienes no gozan de esta cualidad o no la han sabido desarrollar, tiene miedo al fracaso y no se arriesga, ser auténtica no es opción ya que no se siente segura de lo que es y de mostrarse, se sabotea por un problema de creencia de no merecimiento y no estar a la altura.

 

 

 

Quien no ha desarrollado esta característica en su personalidad debe trabajar en sus miedos y no ponerles máscaras, relajarse y disfrutar. Sentirse plena es indispensable para irradiar esa luz que atraiga a los demás e inspire en ellos un deseo de imitarle o seguirle. Si, por el contrario, actuamos siempre a remolque de nuestros temores, nuestra forma de relacionarnos resultará muy poco carismática.  Nos comportaremos de forma agresiva, tímida, indecisa o mostrando actitudes tensas, rígidas, ambiguas o demasiado arrogantes.

 

Estas conductas son poco atractivas y provocan el rechazo que se quiere evitar. Los agresivos generan miedo o desprecio, los tímidos son marginados, los indecisos aburren, los sumisos son humillados y los altivos ponen muy nerviosos a quienes les rodean.

 

El auténtico carisma no es sinónimo de belleza o éxito. Esos elementos pueden despertar interés, envidia, atracción, morbo, deseo, pero no implican carisma.  

El carisma es apego a la virtud, creatividad y generosidad. En suma, ¡mucha inteligencia emocional! Aportar ideas, regalar sonrisas, prestar apoyo, transmitir calidez.  Si eres una persona tacaña con tus afectos y con lo que posees, resultarás antipática, agría y altiva…  No hay nada más desagradable que pretender pasar por carismático siendo sólo una persona ambiciosa y manipuladora; voz engolada, gestos estudiados, falsa amabilidad, elogios excesivos. Si no es auténtico, NO ES CARISMA!

 

 

 

La clave está en la actitud; ese punto donde la inteligencia negocia con los sentimientos. La capacidad de adaptar los estados de ánimo a las circunstancias. No es hipocresía: sólo un poco de sentido estratégico.

Si quieres realmente convertirte en una persona carismática, hay aspectos en los que podrías trabajar.

 

 

Y te lo mostraremos a detalle en el siguiente artículo de la semana.

 

 

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